domingo, 3 de febrero de 2008

Pandillas



Uno de mis perturbs entra dando un portazo y sin que me haya dado tiempo a apoyar la taza de té sobre el platillo me espeta: “Como Luis pinte el muro de casa, iremos a su colegio a pegarle”.

Se masca la tragedia. La pelea nocturna y playera, en la que sólo se vieron implicados adolescentes veraneantes y no, como toda la vida ha sucedido: chicos del pueblo contra “papardos” –nombre de pez temporero que usan los locales, despectivamente, para referirse a los que pasamos las vacaciones en su pequeña localidad cántabra- sigue coleteando en progresión creciente.
Las versiones se han convertido en leyenda “que si dos sujetaban a uno mientras un tercero le pateaba en el suelo” “que si las chicas se enrollarían con los ganadores” “que si unos eran fachas porque llevaban banderas” “que si otros ya habían protagonizado peleas en sus colegios”.
A estas alturas del invierno aún se sigue sin dilucidar claramente quién o qué fue lo que dio comienzo a esa batalla en la que acabaron tres perturbs de 15 años en el hospital, uno con la mandíbula rota y varios dientes menos.
Pero lo que fue un deleznable hecho entre menores: pelea a puñetazos entre amigos por una chica y bajo los efectos del botellón; se ha convertido en una lucha constante entre las dos secciones de lo que fue una pandilla bien avenida.
Luis (el damnificado en los dientes) se ha hecho graffitero y hace dibujos ofensivos en las casas de sus enemigos. Mientras, unos y otros se buscan (y encuentran) cada fin de semana en las discotecas light, o en sus clubs deportivos, o en las mismas puertas de los colegios, donde se enzarzan en provocaciones sin fin.

Las peleas entre menores es el primer delito que llega a la Fiscalía de Menores, según su responsable, Jesús Álvarez. América y Europa, ven proliferar pandillas como los latin kings o ñetas, consecuencia del mix de culturas proveniente de la inmigración. Pero es en las clases más afortunadas económicamente donde esos actos pandilleros parecen más brutales.

Manuel Samper, rector del colegio privado Emilio Valenzuela, reconoce ese fenómeno: “Estamos enfrentando el problema desde diferentes ángulos. Creamos programas de convivencia y estamos trabajando con los estudiantes la resolución de conflictos de manera pacífica. En las reuniones de la Escuela de Padres de Familia del colegio se ha informado sobre la existencia de estas pandillas. La desintegración de los hogares, sumada a la falta de presencia de los padres en sus casas y a su debilidad para establecer límites a sus hijos, son realidades que alimentan la vinculación de los jóvenes a estos grupos”


(Publicado en el MAGAZINE de EL MUNDO 04/02/2008)

4 comentarios:

Turulato dijo...

Fuí un pertub algo pendenciero. Era una manera de desahogar mis frustraciones y de silenciar lo poco que sabía.
Lo ejercité en un pueblo montañés -sigo diciendo que cantabrones, otros-, que me da el pálpito que está a pocos quilómetros del que citas.
Suelo utilizar un método para analizar comportamientos; me pregunto ¿estuviste en algo parecido?. Y si la respuesta es afirmativa, recuerdo que sentía, pensaba y sus porqués.
Y lo es en este caso. Actué así porque no me exigieron seguir un camino; iba como un potro desbocado, a mi bola. Y con algo de dinero, que me daban cuando pedía.
Me consentían, era el rey de la casa. Me arrepiento profundamente de mi comportamiento.
Me hubiese venido bien una mano firme que me guiase y no consintiese mis salidas de tono. Y cariño entre los que me rodeaban, que es el mejor que uno puede recibir y aprender.

it dijo...

Pues sí, Turu, al final de todo... siempre está lo mismo: autoridad firme y amar.
Que no son cosas contradictorias, sino complementarias, y cuando hay responsabilidad de sacar un ser adelante (y en éste caso, mira, lo mismo me refiero a perros, gallos o personas... seres con la capacidad de pelear) son necesarísimas, las dos.

Este caso es verídico (y escandaloso), motivó una fractura entre el compacto sector de veraneantes.

¿Cómo puede ser que se pegaran? ¿Cómo hasta ese punto? ¿Cómo ninguno -ni las niñas, a las que creemos más sensibles- capaz de pararlo o avisar a algún adulto?

Vivimos en una sociedad de violencia gratuita. Lo vemos en la calle, en los tribunales, en la televisión, en los noticiarios de los periódicos: la primera reacción es callar "al contrario" con un puñetazo en los dientes, con un despido, un banneo... lo que sea menos caminar, como dicen los mohicanos, en sus mocasines durante cinco lunas...

Se me hace muy difícil, me digas lo que me digas, imaginarte como un pendenciero o matón. Simplemente no puedo, a ninguna de tus edades.

En esta pelea real mis perturbs, a Dios gracias, mantuvieron una postura neutral (uno acaba de firmar las paces, después de un intercambio de desagradables sardinetas, con otro de los implicados -mientras su gemelo pelaba la pava con la de turno, desde el alto de La Estatua.... eso sí, con el romántico espectáculo de los guantazos que estaban dándose sus amigos, abajo, en la playa.... imperdonable).

Imperdonable, de todo punto.

Y salvaje.

La masa enfurecida... se despersonaliza. Eso es lo que pasa cuando empieza la violencia en un grupo: se pierden la individualidad, el pensamiento personal, los valores... te conviertes en masa que actua al unísono: da pavor.

Mis perturbs no participaron, a Dios gracias, en esa pelea. Pero estaban ahí y no la impidieron. Eso ya es bastante definitorio.
Y triste.

Ginebra dijo...

Mi adolescente pequeña no porque está todavía metida en el nido, pero cuando la adolescente mayor sale lo que más miedo me da no es que ella y su chico hagan tonterías o burradas. Lo que más miedo me da son "los otros", los que embisten porque sí.

it dijo...

¿Y cómo no van a embestir-porque-sí, querida Gin, cuando todo lo que les rodea incita, alecciona e impulsa a la violencia??

¿Te has fijado en los juegos de la PSP? (por decir alguna de esas maquinorras). O los juegos de ordenador, o los programas sobre luchas y peleas, o las mismas series sobre jóvenes... por no entrar otra vez a saco con lo que ellos cuelgan en llutúh... verdaderos frentes de guerra.

No es su culpa. Es la nuestra.
Claramente.
Fíjate si no cómo reacciona la gente (adulta) al volante. O en los partidos de futbol. O en la misma fila de la carnicería, si alguien se atreviera a probar colarse...

Somos violentos.
Hechos para zanjar a golpes y con los argumentos del músculo cualquier posible discrepancia.

La masa, Gin. La sociedad que tira al monte, a la individualización, despersonalización del individuo (que parece que digo dos cosas distintas completamente, pero que son complementarias).

Deberíamos empezar a mirárnoslo muy seriamente. Sí-sí.

Un beso, raininha... me gusta verla por aquí, ya sabe.

;-))