domingo, 9 de marzo de 2008

No se pescan truchas con vinagre...


"Estoy al borde de un ataque de nervios. Acabo de tener una bronca de mil pares de decibelios con mi hija mayor, la de 15 años y medio. La causa: el valor de las cosas. No hay manera de que ponga los pies en la tierra, de que dé al dinero su valor justo, de que se entere de una vez de que NO SE PIDEN REGALOS DE 300 EUROS por un cumpleaños, de que no se puede querer cambiar de Ipod cada tres meses diciendo siempre "necesito..." ¿Qué se hace (además de llorar y atracarme a chocolate) cuando se descubre que mi hija es una pequeña gilipollas descerebrada?"- Me pregunta Gin, sentadas las dos en el banco más cercano al puente.

La escucho mientras miro que el viejo homeless que ha acampado hace unos meses en la orilla del río se aposta bajo un pruno y extiende su raquítica caña en las negras aguas del Manzanares buscando un alimento proteínico...

-¿Crees que soy una Wendy?- Me pregunta Gin, que se mata a trabajar para sacar adelante a su familia, preocupada por lo que le he contado de cómo la sobreprotección que ejercen los padres en la infancia de sus hijos puede llevarles a desarrollar el llamado “Síndrome de Peter Pan”. Trastorno psicológico cada vez más frecuente en nuestra sociedad y que afecta a sujetos con personalidad débil, que se muestran reacios a asumir responsabilidades propias de la edad adulta, eternos adolescentes, inmaduros emocionales incapaces de crecer.

Le contesto que a nosotros nos ha funcionado negociar una paga mensual con los perturbs, en la que incluimos sus “necesidades” básicas: gasolina para las motos, móvil y algo para salir. Ellos administran su presupuesto. Cuando les sugerimos que buscaran trabajos fuera del horario escolar se pusieron contentísimos: “somos adultos” –dijeron.
Un empleo enseña responsabilidad, da experiencia, pone dinero en el bolsillo y los saca de la calle.
La publicación americana sobre economía “Teens and Money” expone: “Los hábitos de trabajo que se forman en la adolescencia continúan el resto de la vida. Ningún padre quiere que un trabajo de su hijo le afecte en las calificaciones, pero si ellos no saben lo que es ganar su propio dinero será difícil enseñarles responsabilidad financiera”. Han sacado perros de los vecinos al parque, lavado coches y hace dos días llegaron muy orgullosos con un cheque de 35.-€ cada uno por cargar muebles, en la mudanza de una oficina.

Una motocicleta aparca en la acera, una chica cruza el parque y se acerca al viejo pescador, le extiende, sonriente, una caja de leche y una barra de pan. No nos ha visto. Es la hija de Gin.




(Publicado en el MAGAZINE de EL MUNDO, 09/03/2008)

16 comentarios:

Egoime dijo...

¿¿¿Por qué no tengo yo una madre que opine que darme cierto dinero al mes pueda ayudarme en mi desarrollo como persona???

Ginebra dijo...

Gracias, querida. Por cierto, Kenya lo ha leido y ha montado en cólera. "Ya sabía yo que en algún momento me has tachado de gilipollas" ha gritado después de amenazar con irse a vivir a su (tu) casa donde "los adolescentes tenemos nuestros derechos económico-fundamentales cubiertos". Avisada queda.

:-)

it dijo...

Fíjate, querida Egoime, que he estado dándole vueltas a ésto que has comentado..... desde ayer, cuando te leí. ¿Quizá es que yo -nosotros, en casa- aplicamos un sistema capitalista/clase media/burgués/económicoinsustancial/quenoprimaelesfuerzolaboral?
Cada familia tiene su sistema, pero en todas doy (¿damos, tú y yo, ahora en esta conversación?)por supuesta la buena voluntad formativa o educativa.

Veamos, en el caso de la familia de Gin (que comenta debajo y de cuya hija, Kenya, hablábamos), se considera que "puesto que no aporta, ¿por qué habría de pagarle un sueldo?" -Y es legítimo. Y también está bien.
Hay que aprender a negociar, Egoime. NEGOCIAR. -Tú no sabes hasta dónde (de lejos en tus querencias y objetivos) podrías llegar con una buena planificación y estrategia negociadora, con tus padres.
Los padres, aunque no lo parezcamos, somos personas. Nos costará más o menos escuchar o aceptar vuestros puntos de vista, pero os queremos y apreciamos y entendemos una buena exposición argumentativa.

En muchos casos además..... la admiramos. Yo, por ejemplo, tengo uno de mis perturbs....asombrosamente negociador. Es un vendedor nato, el auténtico comerciala, parece que ha nacido con un curso de marketing transfuído en vena....
¿Su estrategia? -Básicamente (y después de haber caído muchas veces en sus redes) es la siguiente: Cuando quiere algo siempre empieza pidiendo y argumentando la necesidad de OTRA absolutamente distinta, superior en imposibilidad, inalcanzable por: ilegal, amoral, antiestética, antiética.... después de un rato de pizpireta conversación (donde saca todo su encanto personal, que es mucho) y cuando ha logrado distender el ambiente y la conversación.... pasa a comentar los pros y los contras de que nosotros, sus padres, le dejemos (confiemos) hacer lo que pide.

Te aseguro que el 85% de las veces, y sólo por cómo lo ha argumentado, se sale con la suya.

¿Por qué no intentas hacer una lista (estudio de mercado: cuántos de tus amigos cobran y cuántos no; para qué lo usarías, cuáles son tus necesidades, en qué mejoraría tu calidad de vida, cómo -ATENCIÓN!!- eso le serviría a tu madre para poner límites o restringirlo en caso de infracciones tuyas....) con la que poder sentarte con tu madre y discutir, como chica superinteligente que eres??

Yo te leo, Egoime, recuerda. Tu madre estaría bien orgullosa si lo hiciera (que supongo no lo hace, ¿sabe que tienes ese blog admirable, que te expresas tan magníficamente y que tienes las ideas tan claras)?

Dale una oportunidad de oírte. Perooooooooo.... ¡atención! (otra vez): cuando "negocies" algo... no olvides que se trata de conseguir algo que deseas y para lo que, seguramente, habrás de ceder algo de tí. No te cierres en banda, negocia como si jugaras a las cartas: cualquier pequeña ganancia es una gran ganancia, para comenzar.

Un beso, principessa (y gracias por comentar en este blog de una vieja y aburrida madre, como yo)

it ;-))

Ginebra dijo...

Y, sobre todo, cuando negocie que lo haga teniendo algo que ofrecer, no dando por sentado que tiene derecho a todo "porque yo lo valgo" (odio ese slogan porque se ha convertido en la muletilla interior de todo el mundo y se aplica a todo).

Efectivamente yo me niego a dar a mis hijos cierto dinero al mes sin más ni más; lo hago cuando asumen responsabilidades y éstas les llevan a realizar tareas que no harían por gusto. No deja de ser también una negociación.

alelo dijo...

Yo en este blog no escribo mucho porque como tú sabes mis churumbeles todavía no han llegado a la edad de los tuyos y mis problemas ahora son otros...

Sin embargo, como soy muy precavido... voy guardando tus posts para que dentro de unos años no me coja nada por sorpresa.

Un beso.

it dijo...

Así es, Gin, así es. A eso me refería (y estaba a punto de escribir cuando me he quedado enganchada -nunca mejor dicho, ejemmm...- en una pinturera web sobre nudos marineros y shibari).
No hay sistema malo. Por desgracia vivimos en una sociedad en la que hemos pasado de la privación al exceso... sin tomar en cuenta que... aquello de lo que carecimos nos hizo como somos (y tampoco está tan mal). Sin aplicar la regla de Confucio ("habría que críar a los niños con algo de hambre y algo de frío") sí que estoy de acuerdo contigo en que hay que enseñar a ganarse las cosas. Educar en el esfuerzo peroooooo...... también en la gratificación.

Más allá de esta conversación monetaria quería blandir todas mis lanzas por Kenya, prota involuntaria de este articulito; y de la que no dudo ni un segundo su buena raza -herencia de sus padres-. Y de eso, quizá, es de lo que trataba mi post.

Más allá de los gestos, más allá de las palabras... está lo que somos. Nuestro verdadero yo. Hay edades y estados en los que ese "yo" nuestro, esencial, queda sepultado por las emociones... recuerdo, con angustia aún, cómo en mi adolescencia me veía incapaz de controlar mi caracter... de tensar la cuerda y discutir con mi madre... Me apenaba hablarle mal... pero no conseguía evitarlo. Era verla y surgía de lo más ajeno a mí, desde el centro incontrolable de mi misma una furia airada... que arrasaba con todo y me dejaba agotada.
Y la quería.
Y menos mal que ella lo sabía! (porque no me cabe duda de que lo sabía).

Negociar, hablar, quererse, hablar, hablar, hablar... entender. Eso es, al cabo, la linea de conexión que queda cuando parece que todas las demás -pese al afecto- se han roto.
Y queda el ejemplo. Y la buena raza y la buena esencia del ejemplo dado, que en algún momento saldrá a flote.

Todos necesitamos nuestra pequeña independencia económica. Los adolescentes, más. Y los que son de raza, los que han sido educados en el esfuerzo y tienen un ejemplo de padres que trabajan AÚN MÁS, porque la impotencia de no ser independendientes, de no ser autónomos es lo más natural a estas edades.

Tendemos a hacer una melange universal con todas sus facetas: estudios, orden, comportamiento, aspecto físico, rendimiento escolar, modales sociales... y a castigar por "la totalidad" olvidando que a nosotros, los sacrosantos adultos, se nos "castiga" (si es que se hace) solo por tipo de infracción: si defraudamos a Hacienda, por ejemplo, el castigo es fiscal aunque seamos adúlteros -por decir algo; si nos saltamos un Stop tendremos una sanción de Tráfico pero... ya podemos hacer estragos con nuestro colesterol que a nadie se le ocurrirá ponernos una penalización general...

Los adolescentes tienen frentes abiertos en una guerra brutal, contra ellos mismos. Ayudémosles un poco: vayamos cavándoles trincheras donde puedan descansar un poco. Hagámoslo en forma que aprendan a defenderse. Dándoles recursos... no quitándoselos todos. Porque está claro de que se trata de que aprendan a defenderse, a salir adelante, a hacerlo por sus medios, de la mejor manera y para su felicidad.

Y para la nuestra.

it dijo...

Querido aleliño ¡¡pero quéeeeeeeeee te va a coger de improviso a tí, que eres un sol de persona (y padre, seguro)!!
Cada tiempo, en nuestros hijos, es preciosa.
....y se pasa. Volando. Se van los días. Un día tienes los brazos llenos de bebés... y al siguiente son más altos que tú. Y estamos ahí, nosotros, esos pobrecillos que somos, que un día les vimos nacer como el mayor de los regalos que la Vida nos podía hacer.

Yo una vez tuve unos niños maravillosos, pequeños, gorditos, bien vestidos... ahora tengo unos adolescentes maravillosos, enormes, desgarbados, mal vestidos... dentro de un tiempo tendré unos hombres y una mujer adultos... y para mí -que soy su madre- nunca perderán la maravilla ni la capacidad de sorprenderme.
Ahí están, ajenos a mí, los que una vez de mí salieron. Un misterio. Y un regalo. Y yo, la testaferra. Y en lo que esté en mi mano colaboraré para que den el 100% de lo que son, para que se coman el mundo, para que no desperdicien la oportunidad, para que vivan con todas sus fuerzas y que, cuando al fin les llegue el final (que a todos nos llega), puedan decir aquello de "supe lo que era vivir". Vivir sin miedo. Eso podemos hacer: enseñarles cómo se hace. Y luego... sentarnos, contentos, a mirarles.
Ni más ni menos.
Como hicieron con nosotros.
Y como ellos, ojalá, lo harán con los que les precedan.

Aaaaaaaaamén (hermanos). Ejemmm... ¿se me nota que me encanta la vida??? ;DDDD

T dijo...

¿Incluso hoy? Lo de estar encantada con la vida, digo. ;-)

it dijo...

Pues sí, doña T.
Pasada la zozobra electoralera de ayer he seguido el ejemplo de los buenos monjes tibetanos y la repetición del "Ohm mani padme Um"(desde el diafragma, según los cánones y la tradición de Lobsang Rampa y resto de sabios de Lhasa) ha obrado milagros en mi paz interior. Confieso que la inmersión laboral, el deporte intenso y el evitar toda conversación política, también ha ayudado a la cosa.

Estoy feliz -Repítaselo Ud., también y verá... verá si funciona, verá...

;-))

QuiaSint dijo...

¿Problemas?
Impóngales algunas obligaciones y establezca pequeñas recompensas económicas, para estimular así su responsabilidad, sacrificio y amor al trabajo.
Por ejemplo:
Bajar la basura: 50 euros.
Ordenar su habitación y limpiar el polvo: 300 euros.
Pasear al perro: 200 euros.
Doblar unos calcetines: 15 euros.
Poner el lavavajillas: 80 euros.
Desfragmentar el ordenador: 100 euros.
Limpiar el coche el fin de semana: 1.200 euros.

Ginebra dijo...

Eso he hecho pero con el trabajo extra. Me explico: fregar y recoger la cocina es algo que hacemos por turnos así que eso no cuenta. Tampoco cuenta limpiar los cuartos de baño, tender la ropa, etc. Sí cuenta, es decir, sí pago cuando se trata de trabajo que no está asignado a nadie (o sea que me toca siempre a mí). Y ahí andamos. A ver qué pasa. Y también he establecido una serie de multas que le supondrán un descuento en sus ingresos.

Egoime dijo...

Por desagracia, sabe de la existencia de mi blog, sí... Y le pedí que no lo visitara, pero me temo que en más de una ocasión lo ha hecho ;(, con lo feliz que estoy yo con mi blog "privado" xD.

De vez en cuando intento negociar, pero normalmente no hay modo. Del tema del dinero ya he pasado (como ya te comenté, me busqué un pequeño trabajo, y con eso tengo unos 200 euros al mes.. de sobra para lo que necesito), pero en otros asuntos (el principal, que no me dejan salir por la noche, aunque ya tengo 16 añitos) sí intento negociar, a cambio de realizar determinados trabajos, etc etc... y nunca hay modo. Argumentan que soy demasiado mercantilista, o no me escuchan, o que no tengo edad, o que no me lo merezco. En fin.. tomaré nota del método de actuación de tu hijo xD, aunque me costará llegar a un ambiente distendido y no a una bronca (supongo que es por esto por lo que nunca logro llegar a acuerdos con mis padres: acabamos a gritos, y gran parte de la culpa la tengo yo.. por que, como dice Ginebra, quizá debería intentar negociar sin creer que tengo derecho a todo por nacimiento), pero por intentarlo no pierdo nada.

Muchas gracias por tus consejos :)
Y de aburrida, por lo que leo, poco tienes. Y de vieja no creo.. al menos, de espíritu, está claro que no ;)

Saludos!

Ginebra dijo...

Egoime, los padres (la mayoría, los normales, claro, que luego hay cada especimen rarísimo) y sobre todo las madres, estamos fritas por dárselo todo a nuestros cachorros, y ahí incluyo la pasta, y habitualmente lo único que pedimos es que nuestras crías valoren lo que se les da. Nosotras sí pensamos que el cachorro "lo vale"; lo que queremos es que el cachorro nos demuestre que esa fe ciega que tenemos en él es real, y que es capaz de integrarse en la tribu arrimando el hombro como uno más. Así de simple. No es que seamos malas y retorcidas, qué va.

pcbcarp dijo...

¡Caramba! Qué nivel. Yo ya no tengo nada que aportar porque, felizmente, el joven padawan ya me pasa factura con IVA cuando nos hace un trabajo para mi curro. (el hombre tiene que pagar el alquiler, la luz y esas cosas)

Me siento liberadísimo leyéndoos ;)

elita dijo...

No, si parecen “tontos” pero se puede aprender un montón de los más jóvenes; el problema muchas de las veces es nuestro, no escuchamos sino que oímos.

QuiaSint dijo...

He leído su artículo de hoy. Mal la veo.