martes, 6 de mayo de 2008

Bonjour tristesse...



Llora Luis mientras la Mini y sus tres amigas le abrazan. Hay trozos de pizza en el suelo y latas de Redbull que han mezclado con el whisky de garrafón comprado a los chinos, en la tienda de la esquina. Después de años de salir juntos, en pandilla, ha sido así, a la luz de las velas de su 18 tarta de cumpleaños y achispado por el alcohol cuando se ha atrevido a contarles que es gay, esperando su sentencia. “Somos tus amigas. Queremos que seas feliz, no estés triste, nos importas tú”.

Alicia llora con letras en cursiva y fotos en blanco y negro, desparrama su pena de trece años en Tuenti, en el Messenger y en sms que manda a móviles, al azar. Palabras como lagrimones: “hemos roto” “me ha dejado” se deslizan de un ordenador a otro, orquestando el coro de plañideras de su red virtual, que susurrando la no-historia del primer amor no correspondido, difunden el roto de su corazón. Al mismo tiempo y en el mismo cyber El Nieto, a quien el amor no ha rozado aún, mira sorprendido la pantalla donde su primo Borja rompió el noviazgo virtual que nunca se consumó en el patio del colegio: “No me gustas, no salgo contigo, no me acoses”; mientras pasa el brazo, solidario, por los hombros de su primo.

En un camino, frente al tronco partido de un olmo de la orilla del río, Jacobo llora -los brazos caídos a lo largo del cuerpo- con desconsuelo. Las pastillas contra la depresión que le obligan a tomar no borran la imagen de la última vez que paseó por ese campo, bromeando con su padre mientras sentados en el tronco tiraban piedras que botaban, saltarinas, en el agua, para acabar hundiéndose, haciendo ondas. Un perturb agacha la cabeza, pudoroso, respetando el quebrado lamento de su mejor amigo. “¿Por qué lo hizo? ¿Por qué tuvo que matarse y dejarme solo, si él era a quien yo más quería en el mundo?”

En una esquina del salón, como el arpa becqueriana, llora Daniela. El trabajo de su padre les hace trasladarse al otro lado del mundo. Esconde su cabeza en el pecho de otro perturb que, valeroso, contiene como un hombre la pena del adiós.

Ha, casi, anochecido… seguimos sentados juntos y callados, en el jardín. Se oye el reclamo de una perdiz lejana, cantan los grillos. Asoman las primeras estrellas mientras abarco con mis brazos extendidos a éstos que se apoyan en mí y a quienes no puedo evitar las tristezas.

5 comentarios:

Ginebra dijo...

Una de las cosas que más echo de menos de la adolescencia es esa capacidad de sentir la tristeza hasta el infinito (y más allá). Bueno, no sólo la tristeza: la capacidad de sentir todo hasta el límite. Claro que para eso hay que tener la resistencia de la adolescencia porque estar viviendo cada momento estirando los sentimientos hasta que casi se rompen te deja agotado.

lucce dijo...

Como dice Ginebra, los sentimientos teen alcanzan cotas inabarcables: el momento triste, sea en la versión que sea, es el más triste y, en el caso de lo antónimo, lo divertido y alegre será lo más de lo más.

Ahora molaría que It escribiera una pieza tan chula como ésta pero con el sentimiento de alegría (aunque igual ya lo hizo...)

it dijo...

No. No lo hice, Lucce (aún); pero lo haré.
Como Gin miro con envidia positiva toda el entusiasmo y explosión emocional de los adolescentes. Y recuerdo vividamente la intensidad del sentir de los años mozos... la emoción que se agolpaba en la boca del estómago a la simple vista del que te gustaba... la rabia intensa, la alegría descomunal, la insostenible y agotadora tristeza, la búsqueda del ideal, la defensa de lo imposible, el ardor.... qué maravilla era..... qué regalo inapreciado, aquellos días: el de la NO-EXPERIENCIA. El de la inocencia.

Es lo único que me da pena del vivir esta vidabella, nuestra: el que los días, las horas, lo que nos va pasando y nos hace prevenidos, suspicaces y cejasaltas... nos quita la inocencia que nos hacía sentir limpiamente. Ojalá pudiéramos conservarnos niños, siempre!
Ojalá pudiéramos seguir teniendo la mirada asombrada!

Yo lo procuro, ¿y tú??

Quique dijo...

"Para disfrutar del oficio de periodista conviene ser joven y un poco inconsciente, como para enamorarse o firmar una hipoteca. El envejecimiento trae consigo la duda, el cinismo y la decepción. Se trabaja igual, quizá mejor, pero todo es menos divertido"
Enric González en el libro Historias de Nueva York.

Un abrazo

Quique

Anónimo dijo...

Un Okupa en su blog.

Estimada Doñ-it-a:

Antes de nada, perdone UD. la familiaridad en el trato, reminiscencia de mi pasado en las Islas Afortunadas.

He de pedirle también disculpas por invadir con nocturnidad y alevosía, sin previo aviso y por la puerta de atrás, la intimidad de este su hogar virtual. Es por ello que entenderé perfectamente que me borre UD. de la faz de su blog a la voz de “ya”. ¡Más faltaría!

Si me he permitido hacerlo es porque tengo la sensación de que UD. me lee, y aunque no se haya animado nunca a dignificar mi blog con sus comentarios, he de decirle que me complace en gran manera su intuida presencia.

Huelga decir que yo también la leo a UD., a decir verdad desde no ha mucho, pues las historias de adolescentes me cogen un poco lejos ya / todavía. Lo cierto es que cuando UD. se fue “para allá”, yo recordé una vez más y entré “por aquí”, buscando… qué sé yo. Maldita y bendita memoria la mía.

Antes de hacerlo, me debatí durante varios días entre la conveniencia de someterme al dictado de mi conciencia o al de la palabra dada. Ardua lucha, se lo aseguro, pues renunciar a la primera era tanto como renunciar a ser yo mismo, y faltar a mi palabra era algo que no había hecho nunca, desde que mi padre me enseñó -cuando yo tenía, más o menos, la edad de su nieto- que el patrimonio más preciado que atesora una persona es su palabra. Opté por mi conciencia; espero no haberme equivocado una vez más.

En cuanto a mi promesa, confío que mi amiga Jeanne D’Arc (ya sabe UD. que yo soy un poco afrancesado) sepa disculparme por haber faltado a la palabra que le di y que ella tan solícitamente aceptó, transmitiéndome su decisión con la dulzura, generosidad y sentido de la justicia que exhibe siempre conmigo. Por si no me había quedado suficientemente clara su postura, su portavoz se encargó de corroborármela a las pocas horas. Discúlpame, Juana, no lo haré más, a menos que tú ordenes otra cosa…

He de confesarle que me ha encantado, hasta conmoverme, la mamá sutil, ocurrente y orgullosa de sus “cachorros” que he encontrado por aquí. Mucho, no imagina UD. cuánto. Con todo lo que va viendo uno por ahí, ha sido reconfortante hallar una mamá “como las de antes”.

A pesar de este largo preámbulo, en realidad sólo quería expresarle mi profundísimo deseo de que sea correcta la interpretación que habrá dado la mayoría de sus lectores al comentario nº 9 de su post del día 20 de abril. Ya sabe UD. que yo soy de natural escéptico.

No se imagina hasta qué punto deseo que siga UD. deleitando muchíiisimo tiempo a sus afortunados lectores con las historias protagonizadas por sus perturbs, al menos hasta que ellos estén en edad de tener a su vez sus propios perturbs y que éstos continúen inspirando su ingeniosa y enternecedora pluma.

En cuanto al post comentando el cual me hallo, ¿me permite UD. que de verdad lo “comente”? Al fin y al cabo, de eso se trata, ¿no es cierto? Todo lo anterior no es sino un rollo seguramente prescindible, bueno todo menos el contenido de los dos párrafos precedentes.

Pues nada, “le comento” a UD.:

1.- Enhorabuena por el título escogido. Corresponde a una preciosa novela de Françoise Sagan que trata el tema de los celos de una adolescente hacia una pareja de su padre viudo, como sin duda UD. conoce. Me complace observar que una dama de británicas influencias como es UD. sabe también apreciar la cultura francesa.

2.- Con toda modestia, y con permiso de tan sapientes amigos suyos, a alguno de los cuales he constatado que le une una gran amistad, ¿me permite UD. un par de consejillos de andar por casa para que, en mi nombre, se los transmita UD. a su mini, sus perturbs, su nieto, los primos de ellos todos, sus amigos, vecinos, etc., etc.? ¿Sí? Pues aquí van:

a) No hay nada mejor que intentar hacer las cosas bien, dando lo mejor de nosotros mismos y aceptando lo que de corazón nos ofrecen los demás para evitar los fracasos, sean éstos amorosos o del tipo que sean. Y si los fracasos no son evitables, al menos nos quedará la plácida sensación de lo bien hecho, de haber cumplido con nuestro deber, de habernos comportado con dignidad, honradez, bonhomía, lealtad y sentido del compromiso.

b) Es frecuente en una pareja que las vidas de ambos hayan de tomar rumbos divergentes, más aún en el caso de adolescentes, quienes han de conocer a muchas parejas antes de encontrar a la que habrá de ser “la pareja de su vida”. Tras la ruptura sucede en algunas ocasiones que ambos sienten el deseo de detenerse y volverse hacia el otro, pero en ese momento ya no son capaces de encontrar ningún camino de regreso que no esté minado por la incertidumbre y, sobre todo, por un orgullo bien o mal entendido. De la inteligencia e intuición de ambos depende que sean capaces de encontrar ese camino de vuelta al proyecto común, porque seguro que lo hay, siempre existe ese camino si ambos desean de verdad encontrarlo. Por ello, conviene dejar la mano tendida y no retirarla nunca, para que él/ella sea capaz de alcanzarla cuando lo desea con el corazón. Porque como dice Aznavour:

Que c'est triste Venice
Le soir sur la lagune
Quand on cherche une main
Que l'on ne nous tend pas
_______________________

Qué triste es Venecia
Por la tarde en la laguna
Cuando buscamos una mano
Que no nos es tendida

Antes de terminar, me dice el pesado de Di-dot-ʤeɪ que le transmita el siguiente mensaje: “los INGENIEROS DE CAMINOS, CANALES Y PUERTOS son como los viejos rockeros”. Espero que a UD. le diga algo la dichosa frasecita, porque lo que es a mí…

Y ahora ya sí me despido, no sin antes rogarle que acepte la expresión de mis sentimientos más distinguidos.

Suyo afectísimo,

Yo, El Intruso.