domingo, 17 de febrero de 2008

Fiesta en el garaje.... (oooojjjjjjjjjhhhh...!!)



Se habían quedado en casa, estudiando. Pero al volver de una cena y coger la rotonda que desemboca en nuestra calle dos ciclomotores nos adelantaron al mismo tiempo, cada uno por un costado del coche. Mi Santo masculló una palabrota viendo cómo doblaban la curva, haciendo carreritas y desapareciendo a toda velocidad.

Al entrar en nuestro garaje casi chocamos con uno de esos ciclomotores que salía haciendo caballitos sobre una rueda , conducido por un joven sin casco. Mi Santo cruzó el coche en la misma rampa interceptando la moto, a la que se había unido la otra que habíamos visto en la rotonda y….. ¡oh, sorpresa!! la de nuestro perturbgemelo con él y dos chicas, como montura. Nos bajamos y vimos varias cabezas que se agachaban, escondiéndose tras los coches cercanos a las plazas que se usan para las motos.

-“¡Salid ahora mismo súcubos del Averno!” - gritó mi Santo, furioso como un William Wallace redivivo. Uno a uno fueron saliendo hasta diecinueve chicos y chicas, pálidos del susto. “¿Dónde estará el otro perturb?”, le pregunté bajito. “Ahí”, contestó. En el mismo centro del pinturero grupete de perturbs, al lado del esqueleto de su moto –que estaban trucando para quitarle los topes que limitan la velocidad–, rodeado de piezas, herramientas, bebidas, vasos de plástico y botes de pintura.

-“Apaga la música”, volvió a decir Thor (¡digo mi Santo!), con voz de trueno. En el tenso silencio, la súbita entrada de Luisete sobre su moto enarbolando una botella de whisky fue… tarantinesca.
La visión de mi Santo, con sus dos metros de indignación y los brazos en alto (impresiona al más bragado) hizo que Luisete perdiera el equilibrio y cayera al suelo. Su ciclomotor en estertores y un charco de whisky pusieron final al tenso silencio de los perturbs: gritos, conatos de excusas, amenazas, menciones a la madre, profecías y el sermón de la montaña se sucedieron, alternativamente.

“Sin paga, sin moto, sine die”, castigó a los perturbs, consciente del peligro que supone conducir una moto trucada (vehículo inestable, actitud impulsiva, exhibicionismo y escasa formación vial forman una ecuación que deja cada año 9.500 víctimas entre muertos y heridos; palabra del Instituto de Tráfico y Seguridad Vial). “Así que todos pasareis una prueba de pericia…”. Recolectó sus carnets, hizo que pusieran los botes a distancia de tres metros en línea recta, se subió en una de las motos e hizo un slalom a una velocidad vertiginosamente lenta, manteniendo el equilibrio. “Teneis una semana para entrenar”, fue lo último que les dijo antes de marcharse abanicándose con sus carnets.



(Publicado en el MAGAZINE de EL MUNDO. 17/02/2007)

4 comentarios:

Quique dijo...

Es que van como motos (perdón por el chiste fácil.
Mi santa teme el día que el grande le pida la moto.

it dijo...

Lo malo no es que la pidan (y la obtengan o no): lo malo es que se suben en las de sus amigos.
Y eso.... es peor.

Una moto tiene varias cosas buenas: les da independencia.
Les hace estar atentos y aprender a controlar varias cosas importantes a la vez: la seguridad, el vehículo, los otros, los códigos de conducción, la administración de sus dineros para gasolinas....
También les enseña a ser responsables de su montura: revisiones, estado, gasolina, etc.
Les hace sentir mayores y capaces.
Me gusta.

Lo que no me gusta es el peligro, la facilidad de un accidente, el frío que pasan en invierno, las vueltas nocturnas al hogar.....el riesgo, la velocidad, los desaprensivos y salvajes conductores de coche que no miran, etc...

La moto en sí no es peligrosa.
El peligroso es el conductor.

......otrosí..... el día en un "¡ay!" hasta que están a salvo en casa. Así lo paso. Sí.

pcbcarp dijo...

Felicita a Thor de mi parte, oye. Así se hace.

elita dijo...

Antes que de "paquete", que tengan su propia moto, claro. Lo malo es cuando se desfasan y no ven que no todo depende de ellos como conductores, sino del resto de conductores!